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Bolsonaro y Lino Oviedo: dos historias comparables, 27 años después

El tránsito del ex candidato presidencial de Brasil por Argentina recupera el recuerdo del excandidato paraguayo al que Carlos Menem resguardó en Tierra del Fuego. Estancias, gendarmes y protestas en una historia que tuvo a Río Grande y Tolhuin como escenarios.

Bolsonaro y Lino Oviedo: dos historias comparables, 27 años después

El tránsito del ex candidato presidencial de Brasil por Argentina recupera el recuerdo del excandidato paraguayo al que Carlos Menem resguardó en Tierra del Fuego. Estancias, gendarmes y protestas en una historia que tuvo a Río Grande y Tolhuin como escenarios.

Uno pasó por la frontera norte y siguió viaje en un avión privado hacia los Estados Unidos. El otro llegó al extremo sur del país en una aeronave militar y quedó alojado en estancias, bajo custodia de Gendarmería.

 

Entre el paso del ex candidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro por la Argentina y el confinamiento en Tierra del Fuego del protagonista de un intento de golpe de Estado en Paraguay, Lino Oviedo, median 27 años, circunstancias diferentes y una coincidencia: el territorio argentino como escala o refugio de polémicos candidatos presidenciales de países vecinos envueltos en conflictos políticos y judiciales. Todo, entre medio de intrigas y mentiras oficiales.

 

Según informó Migraciones, Bolsonaro ingresó a Misiones el 27 de octubre por el puente Tancredo Neves, junto a su familia y con documentación habilitada. Desde Puerto Iguazú abordó un vuelo privado hacia Guayaquil, Ecuador. Fue un tránsito breve, muy distinto de la residencia que el gobierno de Carlos Menem le asignó al exgeneral paraguayo en 1999.

 

Un avión que terminó en Ushuaia

Oviedo llegó a la isla el 30 de septiembre de aquel año. La fecha suele confundirse con 1996, cuando protagonizó la rebelión militar en Paraguay que derivó en una condena. Menem le había otorgado asilo en marzo de 1999 y, meses después, ordenó alejarlo de Buenos Aires: consideraba que sus declaraciones políticas infringían las condiciones de esa protección. Para ello, logró convencer al gobernador de entonces, José Estabillo. Algunos memoriosos vinculan ese convencimiento a una mayor generosidad hacia Tierra del Fuego (traducida en términos de ATN) demostrada por el caudillo riojano. Es que Estabillo -en el anochecer de su mandato- tenía extremadas dificultades para pagar los sueldos estatales, que desaparecieron de repente, con Lino Oviedo ya alojado en la Isla.

El viaje tuvo un cambio de escenario. En Río Grande lo esperaba una manifestación de rechazo, pero el Fokker F-28 de la Fuerza Aérea aterrizó en Ushuaia. Las crónicas de entonces mencionaron tanto la protesta como las condiciones meteorológicas entre las razones del desvío.

Desde la capital fueguina, la comitiva emprendió el viaje por tierra hasta la estancia Rivadavia, en la zona de Tolhuin. Allí hubo un recibimiento doméstico en medio del operativo: té, tortas y facturas de la panadería del pueblo. Para la cena, cordero y chipá. Afuera, la presencia de los gendarmes (y una guardia de periodistas frenados por la odiosa tranquera) alteraba la rutina del establecimiento rural. Por supuesto, una de esas tardes el golpista guaraní concurrió a la famosa panadería de Emilio, y no faltó la fotografía para sumar a la colección.

La decisión sacudió a la política fueguina. Río Grande lo declaró persona no grata y el entonces intendente Jorge Colazo cuestionó al gobernador José Estabillo por aceptar su llegada. La provincia quedaba involucrada en una controversia que hasta entonces parecía lejana.

 

Lejos de las cámaras, cerca de Río Grande

 

Rivadavia fue su primera residencia fueguina. Pero e 15 de octubre, Oviedo se trasladó a la estancia San Luis, a unos 28 kilómetros al sur de Río Grande. Su esposa y sus tres hijos llegaron en un vuelo regular de Aerolíneas Argentinas. El casco de su nueva residencia estaba a tres kilómetros de la ruta 3, protegido de las miradas por las ondulaciones del terreno.

 

Ese aislamiento permite entender el recuerdo de un dirigente “oculto” en Tierra del Fuego, aunque su presencia era pública y estaba ampliamente cubierta por la prensa. El propósito del traslado era limitar sus contactos y su actividad política, dentro del asilo concedido por la Argentina. Y dejar que el tiempo permita a las aguas aquietarse, tanto en el Plata como allende el Pilcomayo.

 

También hubo detalles que desbordaron cualquier intención de discreción. Allegados que viajaron hacia la isla repartieron por ciudades patagónicas encendedores, llaveros y prendedores con una inscripción de su campaña: “Lino presidente”. Aquellos recuerdos electorales llegaron hasta Río Grande y alguno habrá, guardado como reliquia.

 

El paso de Bolsonaro vuelve a poner a la Argentina en el recorrido de un dirigente extranjero en apuros. La memoria fueguina aporta una escena distinta: una estadía prolongada, custodios en las tranqueras, almuerzos opíparos en la sede de Gendarmería y una campaña paraguaya cuyos souvenirs terminaron circulando a miles de kilómetros de Asunción.

 

Fuente: Radio Fueguina.- 

 

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